El espejo de las emociones entre madres e hijos

Aprende cómo cuidar tu bienestar emocional para suavizar el desgaste de la maternidad. Tu salud emocional no es un lujo, al contrario, la fortaleza de la suavidad en la maternidad está en ti cuando aprendas a cuidarte.

El espejo de las emociones entre madres e hijos

Bienestar familiar con mama

“Hay dos maneras de difundir la felicidad, sé la luz que brilla o el espejo que la refleja” Edith Wharton. Esta frase muchas veces me hace pensar en la conexión y relación tan especial que una madre tiene con su hijo, la forma en la que se reflejan mutuamente las emociones, esa suavidad con la que ambos pueden fortalecerse para la rutina diaria y el vaivén de la vida.

Sin embargo, a veces no todo es miel sobre hojuelas en la maternidad y tú no me dejarás mentir. Hay momentos o circunstancias en la vida que a veces nos hacen sentir desdichadas o enojadas, queriendo a veces parar el mundo y descansar un poco o escondernos en el baño para poder llorar libremente; pero el tiempo corre y la vida sigue, las emociones a veces nos invaden y nuestros hijos están frente a nosotros observando, aprendiendo y captando casi todo lo que sentimos de una forma casi imperceptible.

Desde el vientre materno, la conexión entre tú y tu hijo se ha ido estableciendo no solo en lo físico sino también en lo emocional, ya que al experimentar una emoción, nuestro cuerpo tiene reacciones fisiológicas importantes que pueden ser percibidas por el bebé desde el vientre materno. Mientras que tú como madre vas poniendo expectativas, deseos y sentimientos sobre ese bebé que poco a poco crece en ti. En esos momentos, no solo nuestro cuerpo está preparándose para el nacimiento del bebé, sino que tu mente y cerebro empiezan a hacer adecuaciones para prepararte hacia la maternidad y también los cuestionamientos sobre esta etapa de la vida aparecen con mucho temor y duda sobre si seremos capaces de criar a un pequeño ser humano.

También los factores familiares y sociales comienzan a impactarnos desde la gestación, pues los comentarios sobre la crianza, desde la vivencia de cada madre a nuestro alrededor, hacen su aparición. A veces escuchamos comentarios como: “no debes llorar porque afectarás al bebé”, “si no lo amamantas no podrás establecer un vínculo cercano con tu hijo, “no lo cargues tanto porque lo vas a acostumbrar”. Y así, un sin fin de mitos y costumbres que nos llenan de preguntas internas y, en ocasiones, nos hacen más difícil la maternidad, pues nuestro objetivo principal como mamás es y será intentar ser la mejor cocinera, guía, educadora, compañera…. (la lista se me hace infinita) para nuestros pequeños. Buscamos cubrir tantas expectativas que a veces olvidamos que no somos heroínas (a pesar que a veces lo parezcamos) y dejamos de cuidar nuestra energía física y emocional, aumentando las posibilidades de caer en un sobre desgaste que traiga consecuencias negativas para nosotras y nuestros hijos, ya que en ese estado estaremos menos sensibles y disponibles para conectar con las necesidades reales de nuestros pequeños y llevar una maternidad más suave y ligera.

 

Los niños suelen ser el reflejo de nuestra forma de interpretar y reaccionar frente a las emociones.

 

De este modo, quiero transmitirte que cuidar de ti no solo debería ser un lujo, sino una necesidad básica para ti y tus hijos, ya que para poder tener la suavidad necesaria para guiarlos y la fortaleza para enfrentar las situaciones adversas sin sobre reaccionar, ejercer violencia o comerte tus emociones, es de vital importancia que tú puedas estar lo mejor posible. Cuando nos sentimos abrumadas por la vida y la maternidad, nuestras opciones para solucionar y enfrentar problemas disminuyen, tendemos a pensar que las puertas se nos cierran y podemos caer en sintomatologías más complejas como la depresión. Sin embargo, las consecuencias sobre el desgaste emocional de una madre no se quedan ahí, ya que también pueden afectar la salud emocional de nuestros hijos.

Seguramente ahora te preguntarás cómo pasa esto, si es algo mágico o místico, pues eres de las mujeres que se esconde para llorar y siempre pone una sonrisa en su cara cuando ve a sus niños aunque por dentro te estés sintiendo fatal. La respuesta e en que la transmisión y lectura de emociones van más allá, ya que se da de manera inconsciente.

Recordemos que la conexión con la madre viene desde el vientre materno y después en la vida extrauterina se favorece con las interacciones diarias, los abrazos, la suavidad de las caricias y la forma de responder frente a su llanto e identificar las diferentes necesidades que el bebé tiene. Así, de a poco a poco, el bebé identificará un patrón en tus respuestas, aprenderá a leer ciertos gestos y comenzará a imitar tus movimientos y expresiones. Esto sucede muy temprano en el desarrollo (aproximadamente en los 7 primeros meses de vida) principalmente gracias a ese vínculo cercano que se establece con mamá y a unas neuronas llamadas “espejo”, que son la base neurológica de la empatía, pero también son los cimientos para empezar a entender el mundo emocional propio y el de los demás.

 

 

La imitación emocional es un proceso muy primitivo e inconsciente que nos ayuda para la sobrevivencia y convivencia en comunidad. Haz visto como un bebé cuando sonríe y la madre le regresa esa sonrisa, regularmente el pequeño interpretará que esa conducta es aprobada por la madre, por lo que la repetirá para captar su atención y recibir la suave mirada de su madre que lo llenará de amor, una de las necesidades vitales de cualquier ser humano.

 

Bebes sonriendo con mama

 

Conforme los niños crecen van aprendiendo que mamá tiene distintos estados emocionales, aunque no sepan nombrarlos aún, pero notan diferencias sutiles en sus gestos y en su trato, por lo que pueden desarrollar conductas poco adaptativas frente a un cambio fuerte en estos patrones de respuesta de la madre como una forma de expresar su confusión sobre lo que sucede. Un ejemplo sería, cuando después de un largo día te encuentras preocupada y distraída debido a una discusión familiar, provocando que estés menos atenta y pongas el vaso muy cerca de la orilla de la mesa, acto seguido, tu hijo de 3 años lo tira, tu reacción es con un grito inesperado y poco habitual en tu estilo de crianza, por lo que el pequeño se exalta, grita y llora, y por supuesto, tú terminas por sentirte peor. ¿Te sentiste identificada con algo de este relato?, puedo asegurarte que por lo menos cada una de nosotras hemos pasado por un momento así, y con esto quiero ejemplificar que tu hijo es capaz de identificar que algo cambió en ti y su respuesta de llanto o rabieta está dirigido a expresarte su confusión, dándote un reflejo de que ambos están pasando por un momento complicado, los dos se sobrecargaron de una emoción, no supieron qué hacer con ella y reaccionaron. Si esta falta de expresión de emociones se mantuviera por un periodo de tiempo más extenso, también podría manifestarse conductualmente con estallidos emocionales más frecuentes, rebeldía o acciones poco habituales de tu hijo.

 

 

Además, es importante que observes que tus hijos paulatinamente van aprendiendo cómo enfrentar y reaccionar frente a cada emoción a partir de tus propios patrones de respuesta. Es decir, si eres una mamá que no sabe qué hacer con su llanto y se esconde cuando esta triste, probablemente tu hijo aprenda que hay algo de negativo en llorar y entonces, o bien trate de controlar su llanto, o por el contrario, lo exprese con mayor intensidad como un intento de expresar tu llanto y el suyo; o si ante un fuerte enojo tu recurso de expresión son gritos y golpes, probablemente él o ella aprenda que esa es la única vía de salida de la rabia; mientras que si sueles sonreír constantemente de manera genuina, hay una alta posibilidad de que él o ella sonría hacia la gente con mayor frecuencia. Recuerda que los niños son excelentes imitadores y por ello, en la mayoría de los casos, suelen ser el reflejo de nuestra forma de interpretar y reaccionar frente a las emociones.

Si esto te hace reflexionar y ahora cuestionarte o juzgarte sobre algún aspecto que creas que no estás haciendo bien, primero recuerda que como mamá estás poniendo toda la fuerza y suavidad necesaria para guiar a tu hijo, no seas tan dura contigo. Pero también puede ser la oportunidad para buscar nuevas estrategias, herramientas y acciones para cuidarte, conectar contigo, suavizarte y poder así enfrentar el hermoso pero difícil camino de la maternidad, mostrando a tu hijo que hay muchas más posibilidades para conseguir nuestro bienestar emocional y relacionarnos con el mundo.

Psic. Luz María Huerta

Psicoterapeuta, Especialista en Crianza y Teoría del Apego, y Mamá.


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