Mami nunca cambies

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Un amor sincero, incondicional, puro. Un amor como ningún otro amor. Un amor que se demuestra en las cosas más pequeñas y sencillas del día a día, y también en los sacrificios y esfuerzos más grandes de la vida. Un amor que nos enseña a dar de verdad y que nos ayuda a crecer. Un amor imprescindible para nosotros y por el que queremos gritar hoy: “Mami nunca cambies”.

Por qué eres un ser maravilloso, lleno de súper poderes. Por qué aunque pareces una criatura común y corriente, en realidad tienes la capacidad inagotable de alegrarme el día a punta de mimos y abrazos. Tus besos tienen propiedades curativas, sanadoras, ¿cómo podría vivir un solo día sin ellos? Y con solo mirarme, adivinas, sin probabilidad de equivocarte, lo que pienso y necesito.

Sólo tú sientes mis lágrimas como tuyas, compartiendo de la manera más sincera mis tristezas y alegrías. Sólo tú disfrutas preparándome el desayuno todos los días. Y consintiéndome con pequeños regalos, regalos que únicamente los dos entendemos.

Tu dedicación a mí, no tiene igual, y la guardo en mi corazón como el mejor de los regalos. Por qué en tus ojos me veo, y me refugio y me siento en casa. Y el tiempo que compartimos parece eterno. Sin importar lo que hagamos, el simple hecho de estar juntos nos hace felices. Y, no sé cómo, pero siempre descubres mis pensamientos, y te metes sin permiso en mi alma, pero no como un invasor sino como la dueña de la casa, y me comprendes y me consuelas, y sabes mejor que nadie lo que me esta pasando. Y nunca olvidas mi cumpleaños, y que me encantan las toallas suaves y tibias, y que odio el café y la leche, o que muero por el té y el arequipe.

Por qué siempre estás ahí para mí, sin importar si es de día o de noche, o si llueve o hace un sol radiante. Y me aceptas y me quieres tal cual soy, con mis sombras y mis luces, con esos días terribles que ni siquiera deseo recordar. Por qué me conoces mejor que nadie y sabes cual es el momento preciso para hablar o callar. O para darme un inmenso y fuerte abrazo… nada se compara con tus abrazos, que son limpios y cálidos, y me componen la vida. O para preparar tu sopa de pollo y hacerme sonreír haciéndome olvidar por completo aquello que me está pasando. Solo tú descubres en mí lo que yo no veo, lo que nadie ve, abriendo horizontes inexistentes frente a mis ojos.

Por qué tú y todas las Mamás están llenas de magia, de una magia simple y especial, que lo transforma todo. La magia de este amor que nos llena de luz, que es capaz de cualquier cosa. Que es capaz de lo que uno menos imagina. Por esto y porque no hay nada como tú: “Mami, nunca cambies”


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